Hacer el reportaje a la segunda de las hijas de P. fue algo realmente divertido. Lo bonito de esta profesión es que al trabajar con las emociones la cercanía se convierte en algo tan natural que finalmente la relación que tengo con muchos de mis clientes es tan bonita que retratarles se convierte en un juego tanto para ellos como para mi. Cuando empecé a hacer fotos de comunión siempre buscaba la espontaneidad en los gestos, en la mirada y ahora casi 15 años después se ha convertido parte fundamental no sólo de las comuniones sino de todo mi trabajo. ¿De que sirve poner un escenario precioso si los niños o vosotros mismos salís con gesto raro o poses poco naturales? Ese es mi reto.

      El reportaje de esta niña tan preciosa lo hicimos en dos reportajes, uno de exterior y otro en el estudio para tener el resultado más completo. En próximas entradas os enseñaré como quedó la segunda parte 🙂

       

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